Este electrodoméstico es el encargado de dejar la ropa seca y lista para el planchar; del modo más sencillo, cómodo, adecuado, económico y eficaz, sin necesidad de tenderla.
Básicamente el funcionamiento de una secadora es el siguiente: El aire frío, procedente de la habitación, es aspirado por el ventilador o turbina, y penetra en el interior del aparato a través de orificios o aberturas dispuestos para este fin. Se calienta al entrar en contacto con las resistencias eléctricas, y es recirculado hacia el tambor que se encuentra girando con la ropa húmeda en su interior, produciéndose el secado de la ropa.
El funcionamiento de la secadora está íntimamente relacionado con las revoluciones de la lavadora. Éstas (las revoluciones) son el número de vueltas que ésta da por minuto a la hora de exprimir la ropa. A partir de las 800 revoluciones por minuto, se puede eliminar casi el 50 % de la humedad de la ropa con muy poco gasto de energía (0.3 kWh aproximadamente), con esto conseguimos tiempos de secado más rápidos y ahorro eléctrico.
La secadora es una alternativa rápida e higiénica (pues la ropa no se expone al ambiente) para la ajetreada vida que llevamos hoy en día.
A la hora de usar la secadora, seguir estas recomendaciones:
El tiempo de secado está en función tanto del tipo de tejido como del grado de humedad con el que la ropa se introduce en la secadora, y el nivel de secado que se desee. Es preferible que la ropa se quede un poco húmeda antes que secarla demasiado, porque se podría estropear. También es importante recordar que si después del secado se va a planchar la ropa inmediatamente, se debe reducir el tiempo de secado en 10 ó 15 minutos.
En cualquier caso, hay que recordar que, con objeto de que no se formen arrugas, la resistencia de calefacción se desconecta automáticamente 10 minutos antes de terminar el secado, funcionando durante ese tiempo sólo el ventilador que impulsa el aire.